Espejismos, limosnas, cicatrices

Mala hora para aduladores pedigüeños. / Foto: GHM

El virus produce miedo, pero el hambre provoca espejismos que anulan el juicio. Dice el presidente que en Canarias se puede morir por contagio o por hambre, que es la muerte social, sin cementerio. A estas alturas, el Gobierno regional sabrá que no hay dinero para tanta promesa. Los favores políticos pronto sumarán deudas sin crédito. Lo que hasta ahora ha sido un problema de las masas, se convertirá en una crisis entre las élites. Si se rebaja pronto el confinamiento, se manifestará a la vuelta del verano. Pero si el cierre económico persiste en condiciones similares a las vigentes, julio será un mes abrasador. 

Las prisas por romper el confinamiento muestran la fragilidad del contrato social canario con una nitidez difícil de conseguir en condiciones normales. El vaivén de estos días es sólo un indicio de agotamiento, que llegó tarde cuando en Madrid ya estaba fijada la estrategia, o simplemente se contó mal. Alguien quiso colar el viernes un asunto que ya estaba resuelto desde el martes. Cuidado con disfrazar las meteduras de pata. Si la crisis financiera de 2008 generó los fenómenos en cadena de Podemos y Vox, ¿qué cicatrices dejará el actual derrumbe?

Entre parados, ERTES y devueltos de la economía sumergida, cuando termine abril Canarias acumulará medio millón de afectados. Sume otro medio millón viviendo de las pensiones, y ya tiene a la mitad de Canarias sin más respaldo que el socorro público. Ahora pídale a todos otros 40 euros al mes en higiene obligatoria mientras espera la vacuna milagrosa. El tiempo corre en contra de los fabricantes de lisonjas.

El clima en el Archipiélago juega en contra de las exigencias médicas; el calor no es buen consejero para la prevención, y vienen meses de distracción masiva. Basta con ver el escaso uso callejero de las mascarillas en estos días severos, para comprender que la práctica no se va a perfeccionar cuando caliente el sol aquí, en la playa.


De la misma forma, el presupuesto público no alcanza para alegrar el día. Embargado el superávit (aunque se use, ya está hipotecado) y recortados los ingresos, poco pecho se podrá sacar. Mala hora para aduladores pedigüeños. La paga de emergencia que desde este lunes podrán cobrar algunas familias no acaba con la pobreza. La historia no se cambia con limosnas.

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