Siempre llueve por algo
Llueve cada vez que alguien se muere, como un esfuerzo más de la naturaleza por mantener sus equilibrios. Siempre que alguien fallece, en algún lugar del universo se rompe una nube, y los meteórologos son incapaces de explicar ese fenómeno, ajenos a los secretos profundos de la vida. A veces se reúnen las lluvias pendientes, y despachan las deudas de las matanzas colectivas, las víctimas de las plagas facturan al por mayor y no siempre llueve en el lugar indicado, ni a la hora prevista; incluso es de sobra conocido que nunca llueve a gusto de todos. Pero siempre llueve por algo; el agua se desprende como la vida, inicia su recorrido antes de evaporarse en la superficie y se eleva acumulándose en formas caprichosas, sin más leyes que la rutina de todos los inventarios del amor. Como de agua estamos compuestos, cada vez que un cuerpo se acaba se repite el ritual. El sábado amaneció lluvioso, refrescó el ambiente como suele ocurrir por estas fechas en las regiones más al norte...