Paradojas de confinados
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| Avenida Marítima de Las Palmas de Gran Canaria, el sábado 2 de mayo de 2020. |
La vida no entiende de protocolos. Ese carácter indomable dificulta la labor de los gobiernos, rompe los esquemas prefijados, altera el carácter de la gente. Como la primavera, pero a lo grande. Precisamente por eso, por imprevisible, surgen alteraciones que destrozan cualquier plan. El virus de Wuhan, por ejemplo. Ahí andan los sabios de la tribu tratando de alumbrar procedimientos de defensa, modelos de control o simples pautas de supervivencia frente a lo desconocido. Este desorden acarrea numerosas paradojas, que expresan las limitaciones del comportamiento.
Christian Drosten, el virólogo que coordina en Alemania la lucha contra el coronavirus, habló el otro día de la paradoja de la prevención. Si los hospitales no rebosan, los ciudadanos no entienden la vigencia del confinamiento. Y así surge la urgencia de la economía, las prisas por abrir fábricas y comercios, la ansiedad por recuperar costumbres. En Michigan (Estados Unidos), grupos vecinales entraron el jueves en el Congreso local para exigir a punta de metralleta el levantamiento del estado de emergencia vigente por la pandemia. Sólo ese estado suma más contagiados que todo el Reino Unido, a pesar de contar con una población muy inferior en número. En Estados Unidos, la paradoja debe aclarar cuántos muertos (enfermos y de hambre) es capaz de aguantar Trump hasta las elecciones de noviembre.
En España habitan paradojas pintorescas. Están los que quieren debilitar el Estado al tiempo que exigen toda clase de esfuerzos financieros públicos. También sigue viva la paradoja Sánchez. Sólo el riesgo de perder en próximas votaciones la precaria mayoría absoluta en el Congreso ha llevado al Gobierno a negociar con las comunidades regionales el regreso a la actividad económica y ciudadana. La novedad de la semana aporta 16.000 millones de euros a fondo perdido. Eso representa menos de 900 millones para cada territorio, siempre que el reparto sea lineal. Por comparar; sólo el Gobierno canario calcula en 14.000 millones el coste extra del actual confinamiento, siempre que no haya recaídas aquí o en el extranjero, sustento básico del turismo.
La paradoja canaria es esta. Con una tasa muy baja de contagios, el Archipiélago sufre una descalabro muy alto en términos productivos. Sin turistas, no habrá recuperación. Al mismo tiempo, la urgencia por volver al cultivo conocido dificultará la implantación de nuevos modelos sostenibles. Ya entorpecía antes. ¿Cuantos esfuerzos tendrán que añadir los canarios? Como diría un viejo amigo, todo cambio comporta una situación inestable. Pancho Guerra lo describió así al ver el mapa: “Si son islas, nos salvamos. Pero si son cagadas de moscas...”.

Excelente reflexión.
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