Cuatro ejercicios gratuitos

Bañistas en la playa de Las Canteras a primera hora de la mañana.

El actual estado de las cosas impone cambios de conducta, nuevas condiciones de supervivencia. Frente a la primera invasión silenciosa del siglo XXI, valgan unos apuntes provisionales. Si la felicidad se entrena, estos son cuatro ejercicios básicos que pueden practicarse este verano, en la montaña o con brisa marina. Son gratis.

  1. Precaver. Es un verbo poco habitual en las tertulias. Se suele confundir con prevenir, o con una mezcla de prever y eludir, pero aquí se evoca por la necesidad de adoptar cautelas, una exigencia mayor frente a la liviana prevención de las cosas que se hacen por si acaso. Ahora es distinto. Remite a la obligación de llevar mascarilla, tener las manos siempre aseadas y saber guardar en cada momento la distancia adecuada para respirar aire limpio. El comportamiento personal es lo más difícil de cambiar cuando se trata de evitar elementos invisibles, en un mundo gobernado por el poder de las imágenes. Más que estar prevenidos, se trata de ser precavidos; en cualquier momento, en cualquier lugar. Salir de casa preparados para no ser atropellados por un (elemento) desconocido. Del mismo modo que nadie olvida la toalla cuando se va a la playa.
  1. Calma y paciencia. Desde el 17 de marzo, el doctor Amós García Rojas emite una letanía diaria en sus redes sociales con estas dos palabras en la frente de su mensaje. El médico canario evita las profecías con la difusión de dos herramientas despreciadas desde antes del coronavirus, el combinado reclamo de conocimiento y prudencia. La calma evoca la condición necesaria para abordar los cambios de tiempo sin alteraciones. Puede seguirse el ejemplo de esas mareas sin olas; oceános inmensos moviendo el mundo sin castigar las orillas. Potencia que no necesita golpes de pecho ni fracturas en las rocas. La paciencia es muy útil para administrar tiempos de espera, y para respetar el orden en las colas de los supermercados. Este verano servirá también para no dejarse llevar a lugares imposibles. Quién iba a decir que Estados Unidos o Inglaterra serían zonas de alto riesgo para la salud de cualquiera. 
  1. Cercanía. Una cierta distancia personal, pongamos que de metro y medio o dos metros, no impide el calor del contacto. La limitación refuerza el valor de la mirada, recupera la importancia de las palabras. Se puede escuchar al otro, y mirar de frente es una actividad saludable. En todas las culturas, quien esquiva la mirada esconde sus intenciones, resulta poco fiable. El tiempo nuevo ofrece la posibilidad de recuperar las cosas simples, de disfrutar lo cercano. No se trata sólo de consumir productos canarios; cuidar el entorno es obligación compartida. Recoger el plástico y las sobras, limpiar los excrementos de los perros, hacer un sitio a los demás en la costa o en los bares también son signos de respeto
  1. Solidaridad. El cuidado del otro mejora la supervivencia. Es la carencia principal que padece la humanidad; las pandemias son sólo consecuencias del desprecio por lo común. En la frontera, el riesgo de contagio es el mismo con un turista que con un inmigrante. Que llegue por mar oculto en la noche o por la puerta grande del aeropuerto no cambia nada. Creerse lo contrario es un espejismo que eleva los riesgos colectivos. Atender a los débiles, los próximos y los lejanos, sin límites horarios es algo más que una obligación sanitaria. Provoca mejores sensaciones que el cine o la lectura. Es la única ruta abierta a un mundo mejor. 

Comentarios

  1. Las tareas que describes son sencillas, pero difíciles de realizar. Has dibujado un ejemplo de cómo la conducta de autocontrol es la clave de bóveda del precaver que tan magníficamente apuntas, Gonzalo. Me han gustado mucho las claves, todas de mano del agente principal: nosotras, las personas. La mirada tiene diferentes connotaciones culturales, eso sí, porque es señal de respeto en la mayoría de las culturas asiáticas. Recuerdo a una joven coreana que no me miraba de frente, miraba al suelo en señal de respeto al profesor. Venía de Erasmus y yo de la luna, así aprendí que las miradas son tan importantes, como tú dices, que pueden compensar la falta temporal de contacto físico. Enhorabuena.

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  2. Ojalá las propuestas del autor, aunque sea un 50% de nuestra población las ejerza.

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  3. El autor , más humano que nunca nos recomienda una serie de normas. Alguno de nosotros que ya estamos en el otoño de nuestra vida no vamos a tener ningún problema.
    Expliqueselo Ahora a los pollillos.

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