Educar sin distancias
![]() |
| Muro de un solar en obras decorado con motivos escolares. |
Compartir fue siempre un valor revolucionario. Ahora llega un tiempo marcado por las distancias; la separación de personas y bienes parece una condición de supervivencia. La prevención sanitaria señala la importancia de mantener a raya el coronavirus, sin percatarse de que la distancia social es la expresión radical del mundo tal y como lo conocemos. Nada nuevo; basta con ver imágenes de Estados Unidos, o la reclusión de inmigrantes, o el trato a los ancianos en España. Ya se marcaban diferencias antes de todo esto; es a partir de ahora cuando la separación entre los humanos se acorta o se exagera.
La semilla más fecunda para corregir las desigualdades es la educación. Por eso importan tanto los detalles del tiempo nuevo; no basta con esperar instrucciones oficiales para adaptar el cuidado de la salud a la experiencia colectiva de las aulas. Son -han sido y van a seguir siendo- el principal y a veces único espacio de socialización de las generaciones venideras. La adaptación es necesaria, porque va la vida en ello, y con ella puede ensancharse la conciencia social. Se educa para mejorar el mundo.
O sea, los niños por delante. El sistema público está ahora en plena fase de revisión de las leyes vigentes, con el desasosiego que produce la simple idea de dejar este asunto en manos de estos parlamentarios, y en general, de la actual representación política. Canarias como ejemplo; un lujo cambiar de consejera en plena crisis de la pandemia, sin que el relevo aporte novedades sustanciales ni a la gestión, ni al modelo. Como ya ha ocurrido con la gestión sanitaria, tiende el político mediocre a medir la importancia del sector en función del dinero que maneja, y sus propuestas suelen estar vinculadas al control de las inversiones programadas. Por eso les resultará muy difícil de comprender que la contratación de personal es prioritaria, para garantizar una cierta igualdad de trato a los alumnos, y con ellos, a sus familias. Se puede ahorrar en otros vicios.
En la escuela se aprende a compartir, y se aprende a pensar. Es la única oportunidad disponible en la vida de muchos jóvenes; la tabla a la que agarrarse en un entorno de crecientes dificultades y de complejidades mayores. Un ordenador no es una escuela, la televisión no es una escuela. No hay mejor herramienta que un maestro, aunque le falte un techo. Un colectivo agrupado en la Red Española de Filosofía promueve un manifiesto en defensa de la filosofía para niños, un modo de incentivar que el aula sea un espacio apto para pensar, ante la reforma en marcha de la Ley de Educación. Otros reclaman similar importancia para las ciencias, especialmente la Física y las Matemáticas, y es obvio que la Salud pasará a ocupar un espacio digno en la programación escolar. El nuevo contrato debe exigir a todos que el miedo se quede fuera de las aulas.

Como ya explica el autor estamos rodeados de políticos corcho mediocres. Donde se infravalora la educación sistematicamente.
ResponderEliminarMuy acertada visión de lo que viene pasando con los servicios públicos más importantes, al menos para la gran mayoría. Muchos se llenan la boca hablando de mejorar la situación de los mismos e innovando con innecesarios proyectos. Cuando lo mejor es un médico y un maestro.
ResponderEliminar