Tentaciones de verano
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| Pescador con caña en un dique de la bahía de Las Palmas de Gran Canaria, frente a las grandes grúas del puerto. |
El entretenimiento está asegurado en este tramo de alivio. El riesgo de contagio parece ajeno, porque lo urgente es la playa, el bar, la terraza, la masa. Como si bastase un santiguado para espantar los males. Cualquier cosa que permita conversación fácil anima la rehabilitación urbana. Para eso acaba de volver el fútbol; ese gran deporte convertido en negocio de frases huecas. No es que regrese por solidaridad. Obsérvese que han llegado antes las apuestas que los turistas, porque en este mar proceloso sobrevivir es sobre todo una cuestión de suerte. Las pautas cotidianas se exaltan sin mesura por cumplir con el refranero. Consuelo ante el mal de muchos. Coinciden casi todos los jurados; ser ciudadano anónimo es maravilloso, mientras aplauda y no proteste. Tantos vacuos premios colectivos ofrecen al populacho el mismo servicio que el papel higiénico. No viene mal acumularlo, pero con eso no se cura nadie.
Este lunes comienza en Madrid una reunión de dirigentes de las 130 empresas con mayor peso en España, en la que pretenden fijar su contribución a la reactivación de la economía tras los daños del coronavirus. La concentración marcará la agenda política y definirá prioridades de salud social. Por ejemplo, en lo que afecta a las carencias percibidas en un país incapaz de fabricar sus propias mascarillas en el trance de grave amenaza colectiva. Las recetas servirán para medir el equilibrio de intereses entre el bien público y el beneficio privado, cuando ya está lanzada la carrera por normalizar los comportamientos derivados de la pandemia, no todos admirables. En términos económicos, el debate ya está abierto. El fomento de la subvención o la apuesta por un modelo sostenible que combine la lógica de los beneficios con las necesidades del común. Alemania, por ejemplo, está gastando miles de millones de dinero público en el rescate de grandes empresas, y su primer esfuerzo se traduce en miles de despidos. ¿Será ese formato el que quiere aplicar el capital español?
De momento, todas las emergencias fiscales engrosan el agujero del bolsillo colectivo. La deuda es un riesgo despreciado, un mal menor ante políticas de horizonte estrecho, a merced de las citas electorales. Sin presupuesto y sin ajuste fiscal que aclare el tamaño de la herencia, todo lo que ocurra este verano serán rebajas provisionales. Más perniciosa que una gestión pública sin recursos es la que acumula pólvora del rey; la tentación de gastarse la fortuna en la compra de favores está al alcance de cualquier tonto con corbata. Para evitar recaídas, la cuenta de los mayores esta vez no podrán pagarla los pequeños.

Coincido con el autor. Los eventos no paran, eso es sagrado. O alguien se cree que el confinamiento fue gratis.
ResponderEliminarEn la disyuntiva entre el bien publico y el beneficio privado, tiene el autor alguna duda?.
ResponderEliminarAlemania acaba de rescatar a Lufthansa pero su accionariado ya cobro