Última ronda sin red

Avión en fase de despegue en el aeropuerto de Gran Canaria.
Dicen que será la última, pero en los bares se aprende que la última ronda no existe. La ansiedad colectiva soslaya todos los riesgos. Estamos en la fase de transición que deja atrás la quiebra de la salud con sus muertos anónimos, cuando aún no se percibe en su intensidad el hundimiento de la economía. Ese agujero que al parecer tardará años o décadas en recuperarse, no alcanza a ser comprendido en el bullicio callejero. Ese viajero insolente que sube a un avión sin importarle el contagio de todo el pasaje refleja el momento. También está su contraparte, en ese marinero que prefirió aislarse tras el vuelo antes de llegar a su casa en La Graciosa, para evitar el riesgo de infección en la isla por ahora inmune.

Apenas estamos llegando al tercer mes del desastre, es pronto para percibir el golpe y pronto para pasear la euforia. La vocación institucional de esconder los síntomas del mal colectivo refuerza la apariencia de normalidad, aunque sea falsa. El poder se resiente cuando se alteran las masas.

El Congreso de los Diputados abordará esta semana la supuesta última prórroga del estado de alarma decretado desde el 13 de marzo. El comportamiento político han cambiado mucho en este corto periodo, un virus que afecta a la boca y al cerebro de sus señorías lo contamina todo. La debilidad aritmética del Gobierno ha obligado a piruetas de ida y vuelta, donde lo de menos son las alianzas artificiales. Más novedosos resultan los acuerdos para asegurar no ya el apoyo, sino la equidistante abstención, cuando se juega la salud pública.

La dinámica pactista diferencia las comunidades autónomas en función del gesto que adopte alguno de los grupos capaces, por su tamaño, de bloquear el expediente en curso. En la sesión anterior, se concedieron nuevos privilegios a las haciendas de Euskadi y Navarra por la gracia de Bildu. El miércoles vendrá el turno de prebendas similares a Cataluña, por garantía firmada con ERC. Sin embargo, el voto nacionalista canario oscila devaluado; la abstención de Pedro Quevedo (Nueva Canarias) resulta una advertencia inocua, porque nada obtiene a cambio, mientras el entusiasmo de Ana Oramas (CC) va y viene sin sustantivos añadidos. No existe fuera de las islas un lugar donde Canarias protagonice el rescate social que necesita.

Si en el Congreso se negocian ventajas autonómicas tras el coronavirus, Canarias está fuera de la partida, que se jugará sin prórroga y ya sin red antes de fin de mes. Las garantías de un trato adecuado a las Islas quedan reducidas al pacto regional, que trata de flotar agarrado a ese adorno sin fiesta de la reconstrucción primaveral. La gestión interina en Sanidad y Educación muestra además la fragilidad de las decisiones iniciales, cuando más exigente resulta el momento. No es que el plan sea bueno o malo; es que después de tres meses, nadie sabe cuándo ni de dónde va a salir el dinero para pagar la fractura.

Comentarios

  1. Muy buena visión de lo que viene. Vale todo. Como dice la ley del circo "más difícil todavía.

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  2. El autor me hace hacer una reflexión.
    No sería descabellado recobrar el espíritu de independencia que imperó por los años 70
    Para lo que nos da España

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  3. Me parece muy acertada tu reflexión. La lógica y el trato de Madrid, me hace pensar que cada día que pasa, Canarias es más África.

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    1. Totalmente de acuerdo. La OUA tiene que intervenir en este asunto.

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