Línea de flotación
La parodia terminará a la vuelta del verano, cuando la cuesta adopte su posición natural, cuesta arriba o cuesta abajo, según. En contra de lo que parecerá entonces, nada tendrá que ver con la inercia; los gobiernos tendrán que llamar a las cosas por su nombre, acabar con esta dinámica de entretenimiento perpetuo y afrontar las consecuencias de un tiempo imprevisto. El presidente Pedro Sánchez se esmera en aclarar cuánto va a durar este Gobierno progresista y tal, cuatro años insiste, como si alguien tuviese intención de moverle la silla al estilo santacruz, en animada distracción hasta que un día todavía lejano quiera responder a la siguiente pregunta: ¿Cuanto va a costar todo esto, señoría?
O sea, la duración del gobierno no importa tanto como su eficacia, y aún no está claro que tenga votos suficientes para sortear un presupuesto hecho y derecho, como le gusta a la patronal. Ya en el capítulo anterior pudo observarse el manifiesto desinterés de los socios por cuadrar un proyecto viable, y no está el ambiente para otorgar cheques en blanco por mucho que las elecciones gallegas y vascas alimenten el espejismo de que todo seguirá igual digan lo que digan las urnas. Una vez reunida la mayoría, el precio del voto impondrá variables que los políticos vigentes no saben cuadrar, como retratan recientes acontecimientos acumulados en la corte.
Deudas tengas aunque nadie sepa quién las pagará; así que para preservar la salud deben estar los ojos bien abiertos, la boca bien cerrada. Y sin embargo, para mantener la economía, es mejor al revés; ojos cerrados y bocas abiertas, aunque sea como sustento de chiringuitos. Los de las playas y los otros. O sea, una dinámica perversa que combina la subida de la calidad sanitaria con la bajadita de la actividad económica como si una dependiera de la otra, mientras los flujos del turismo quedan a merced de factores externos y ajenos. Esa y no otra será la marea que defina la línea de flotación de la política y los negocios. Especialmente en Canarias, aunque esta última parte siga sin entenderse en Madrid y alrededores, por el liviano impacto insular en los números nacionales y tampoco están los escaños isleños en condiciones de privilegio. Ahí se quedan cabildos y ayuntamientos con dinerales en la alcancía para que otros en Europa expongan simulacros de estabilidad financiera, como esos barcos pequeños que sostienen a los grandes.
Mientras todo esto llega, respiren un poco, busquen el aire limpio de la buena gente y disfruten del parque, del mar, de la montaña sin dejarse contagiar. Y sobre todo, no gasten más de lo que puedan pagar. A la vuelta nos veremos.

Acertadísima y real la percepción del autor.
ResponderEliminarA la vuelta nos veremos si no se extiende la nueva pandemia, que no es otra que la temida Peste Bubonica.
ResponderEliminarQue ya está ramificandose en China