Parece confirmarse

Olas rompiendo contra las piedras.


Antonio Muñoz Molina retrató este domingo la dinámica que corroe la convivencia en España. En un articulo titulado La otra pandemia (El País), anota que la política española es “tan destructiva como el virus”, con la diferencia de que “contra el virus llegará una vacuna, pero contra el veneno español de la baja política no parece que haya remedio”. Y se pregunta “qué podemos hacer los ciudadanos normales, los no contagiados de odio” para combatir esa rutina de incompetencia, corrupción, clientelismo y bronca que marca la agenda pública mientras la población ve cómo se pierden, enteras, las esperanzas de las nuevas generaciones y las memorias de los veteranos. No sólo por los efectos de la pandemia, sino por el cúmulo de trapisondas que conforma la gestión de los asuntos públicos. “Si no hacemos algo, esta gente va a hundirnos”, concluye, en una reflexión que apenas despertó interés en las redes sociales, más pendientes del devenir de los futbolistas en mudanza.


El paisaje nada tiene de nuevo. La mayor alteración radica en la correlación de fuerzas que acumulan las distintas administraciones reunidas en Madrid. Las tendencias dispersantes en la derecha y en la izquierda del mapa político son una característica propia de la modernidad hispana. Por remontarse, bastaría con acudir a Larra o a Galdós para medir el recorrido de esta pulsión genética. El momento puede que sea otro, aunque este escenario de Borbones en fuga, capital acorralado y obreros sin trabajo se repite como una mala digestión. También antes llegaron epidemias sin cuartel ni tratamiento, y siempre el precio en vidas fue alto. 


La escala aumenta porque el perfil de los pelotas se extiende sin fisuras desde la más pequeña administración local hasta las más extensas alfombras palaciegas. Si acaso, el olor de las ayudas europeas aumentará la concentración de parásitos en torno a los surtidores. Pero esa sangre correrá cuando llegue el debate del presupuesto, que ahora es el debate de todos. De todos los presupuestos, porque nadie tiene un duro y todos quieren estar en el primer turno de acceso a las ubres. Si creen que lo visto hasta ahora es enconamiento, esperen un par de semanas.


Jaime Gil de Biedma escribió en 1959: “El Gobierno, reunido en consejo de ministros,/ no se sabe si estudia a estas horas/ el subsidio del paro/ o el derecho al despido,/ o si, sencillamente aislado en un océano,/ se limita a esperar que la tormenta pase”. Su poema Noche triste de octubre comienza así: “Definitivamente / parece confirmarse que este invierno/ que viene, será duro”. Y puede que no se note todavía, pero octubre empieza el jueves.

Comentarios

  1. Acertada opinión del autor. Como dice un amigo mío « a comernos los mocos» porque para la clase política siempre habrá mariscos en navidad.

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  2. Triste España,que pena de tener ciertos políticos. Ni hacen ni dejan hacer ,su objetivo es enredar.

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    1. Enredar y no dejar hacer mientras la gente se muere en la más absoluta mierda.

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