Un libro en el desierto
De los 121 títulos presentados este año en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria, sólo uno se dedica al análisis político. Nacionalismo 3.0, reflexiones, opiniones y propuestas para un nuevo nacionalismo es la nueva obra de Enrique Bethencourt, al que hay que reconocerle la valentía de abrir una puerta donde la gente no quiere oír, ni estar, ni que le vean.
Es reincidente, porque ya se atrevió a desmenuzar el periodo iniciático que supuso la irrupción en el mapa político de la Unión del Pueblo Canario, y también ha dibujado el retablo biográfico del futbolista Juan Carlos Valerón. Las tres obras, compartidas gracias al esfuerzo de Ediciones Tamaimos, concentran reflexiones sobre Canarias en un paisaje dominado por la ficción.
La política, definitivamente, no está de moda. Cuesta reconocerla, a pesar de lo mucho que condiciona la vida de personas y colectivos. El espacio habitual de la política no es el de la reflexión, sino el ruido. Los parlamentos son un foro del que huye la gente normal; su entorno natural queda circunscrito al empeño de los medios de comunicación, que dan raciones diarias de motivos para alejarse de ella. Lo que se transmite es un fenómeno más peligroso que cualquier virus. Por eso, abordar un texto de literatura política es un desafío a los modos y costumbres de esta época, un acto subversivo, contracorriente.
Es un fenómeno global. Bastaría con detenerse en los últimos acontecimientos para confirmar la decadencia. Asistimos a un escenario mundial donde no sólo se cuestiona la política, sino la estructura misma de la democracia, la convivencia. El desarrollo de las sociedades en los dos últimos siglos están bajo sospecha. La idea de que unos pocos pueden y deben gobernar sin atender al conjunto de las necesidades sociales se abre paso con fuerza. Y cuando las masas desobedecen las instrucciones, pues el paso se intenta abrir por la fuerza. Es una tendencia que recorre el mundo desde Bolivia a Moscú, desde Washington a Costa de Marfil. Frente a los dos mundos de la guerra fría, se ha establecido una ruptura transversal, que fragmenta el mundo en otras dos partes, muy descarnadas. Los ricos y los pobres.
En este contexto, donde la argumentación política se reduce a “lo mío es lo primero”, “América volverá a ser grande”, o “España por delante”, se abre la reflexión que nos propone Enrique Bethencourt sobre el futuro que le espera a Canarias.
A los que llevamos toda la vida hablando de que Canarias debe ser protagonista de su propio destino nos resulta extraña esa usurpación simplista del lenguaje, que a base de confundir nacionalismo con supremacismo, pretende desprestigiar el debate sobre la identidad de los pueblos a base de ruido, bocinas y banderas al viento.
La obra de Bethencourt resulta un antídoto contra ese virus. Primero, por el ejercicio de memoria sobre el pasado, reciente y frágil, pero existente, que conforma ya un primer capítulo del despertar de la conciencia del pueblo canario. Después, por la forma de actualizar contenidos y fórmulas para avivar esa conciencia, en un mundo que navega en dirección contraria. Y sobre todo, porque siembra en el auténtico desierto que es hoy la reflexión sobre el gobierno de los asuntos comunes de la población.
De esto va la cosa. De mirar alrededor. La lectura obliga a mirar, para comprender mejor lo que nos pasó, lo que nos está pasando, y lo que nos puede pasar. Y obliga a actuar, porque esa es la función de los libros; alterar el orden de las cosas. Aquí se trata de convertir un territorio en medio del mar, ese que llamamos Canarias, en un lugar para defender la vida. Con todas sus consecuencias.


Enhorabuena por éste trabajo, éste libro hay que llavarlo a podos los institutos
ResponderEliminar¡Qué lástima no haber podido asistir! Lo siento. Ya me lo leeré, así que la soledad de la lectura contrastará con un asunto colectivo de tanto emjundia para las y los canarios.
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