En la muerte de José Antonio Samper Padilla
Clara Eugenia Hernández Cabrera llegó al instituto de Tafira en 1978, sin apenas experiencia en la gestión de centros educativos. No sólo fue capaz de meter en cintura el ímpetu de aquellos adolescentes que colmaban su paciencia; supo animarles también a comprender la mejor literatura y a expresarse y manejar, con precisión y sin rubor, el léxico canario. Desde el afecto fraguado en tantas discusiones escolares conservamos una relación cercana, resistente al paso del tiempo, mientras ella se consolidaba como una referencia universitaria en el estudio de la lengua y las expresiones propias del archipiélago. Este verano fue especial porque el centenario de la muerte de Benito Pérez Galdós devolvió a la actualidad la edición de obras como El abuelo, un texto fronterizo que desbordó en su día los límites de la novela y del teatro y del que Clara Eugenia es capaz de matizar hasta la tipografía de las distintas versiones. Leer a Galdós es siempre un reencuentro obligado con Clara, una de las guardianas que mantiene viva la obra del iilustre.
Nunca le expresamos con la nitidez suficiente lo importantes que fueron algunas de sus lecciones, sobre todo las que procedían de su capacidad de trabajo, su obsesión por los detalles. El origen de tanta energía fue un misterio hasta que descubrió su secreto, que tenía nombre y apellidos. No era otro que José Antonio Samper Padilla, su compañero y marido padre de sus hijas. Clara Eugenia y José Antonio han sido mucho más que dos; ahí está su prolífica labor como investigadores del habla canaria, el sinfín de aportaciones a congresos y conferencias para difundir la identidad que transmiten las palabras. Su esmero en desgranar el olor a tierra de las expresiones populares era tan intenso que juntos parecían siempre recién salidos del laboratorio. Y cualquier conversación con ellos, un descanso entre una tarea y la siguiente. Conocer a José Antonio servía para entender la profundidad de los matices; un ejemplo de humildad mientras descubría la vida en las palabras.
Ahora acaban de anunciar la muerte de José Antonio Samper Padilla, y Canarias debe saber que sufre una pérdida irreparable. Seguir su ejemplo será difícil, porque ya no se fabrican esos motores. Pero el corazón de Clara Eugenia afronta el desgarro de la despedida. Y los demás sólo podemos dejar constancia de una profunda condolencia.

Emotivo recordatorio a una persona entregada a cultivar nuestra identidad. DEP
ResponderEliminarNo hay consuelo posible para reparar la triste pérdida terrenal de un ser excepcional, un “caballero de la lengua”.
ResponderEliminarAfortunadamente, una nueva estrella ya está brillando en la bóveda celeste para recordarnos la inmensa suerte de haber compartido la humilde sabiduría de sus palabras y actos, así como para mostrarnos el camino que debemos recorrer para continuar su legado de generosidad para con los demás.
Mi pésame más emocionado y un abrazo infinito a sus seres queridos.