Vida sin precio




(A Sara Martín, eterna).

Las manifestaciones en algunas ciudades en contra de la Superliga de fútbol sirven para situar el listón de la inteligencia colectiva de esta Europa sin techo. El animado debate que ocupa horas en radio, prensa y televisión ha llegado en la misma semana en que se anuncia el despido de 8.291 trabajadores del gigante recién creado en Bankia-Caixabank y de otros 3.798 en el BBVA, que se suman a los expedientes ya activados en el Banco Santander (3.572 despidos) y otros 4.000 más en otras entidades. En total, el flamante sector bancario habrá eliminado al menos unos 20.000 estos de trabajo al final del año, si de aquí a diciembre no se anima nadie más con las tijeras. 

No son los únicos; El Corte Inglés, por citar una marca intocable, propuso la extinción de 3.292 contratos, y las peticiones de salida voluntaria superan esa cifra hasta sumar 3.918 voluntarios inscritos, un fenómeno llamativo. Entre los medios de comunicación, por ejemplo, el 80% de los editores han avisado de su intención de recortar plantillas durante 2021. En España, en diciembre de 2020 fueron despedidos 127 trabajadores sólo en tres grupos de prensa: Vocento, Prensa Ibérica, ambos con impacto directo en Canarias (Canarias7 y El Día), y Unidad Editorial (El Mundo). 

No se preocupen si no ven todos estos datos publicados en los periódicos del Archipiélago, es para evitar sufrimiento a los lectores. Y porque en realidad, otros están mucho peor. Detrás de esta tragedia laboral es más fácil ocultar las vergüenzas propias. Si contáramos el impacto en empresas más pequeñas, los despidos sin justicia, los contratos eliminados, las rebajas de sueldos igual se le inflarían a usted las venas de la garganta. Guarde fuerzas, que van a hacer falta más adelante. Cuando se entere de lo que cobran los que deciden en todas esas empresas.

O sea, la crisis castiga a los trabajadores, pero a la masa le gusta el fútbol y a los directivos los beneficios. Para eso son las ayudas; para los mismos de siempre. Fíjense en quiénes van a repartir los millones que llegan de Europa, a dónde van. Para el empleo no hay salvación; el dinero público viene a salvar los privilegios de siempre teñidos de verde, descarbonizados y tal. Como ya ocurrió antes; lo aprendió la banca y ahora vuelven a las andadas. Sin escrúpulos, anunciando que despiden para ganar más. Sin vergüenzas. Mientras se hunden los barcos ajenos.

Así está el mundo; este es el túnel por el que tenemos que transitar a nuevos escenarios. Sin contar los muertos del camino, fíjense en la evolución de India. Y en esas personas como Sara Martín Díez, una excelente maestra del Instituto Pérez Galdós que se acaba de ir derrotada por el coronavirus. Su energía refuerza ya las alas de esos adolescentes que aprendieron a volar con ella. La vida no tiene precio.

Comentarios

  1. La catástrofe será imposible de enmendar por nuestros hijos. DEP Sara.

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  2. Siempre nos quedan estos espacios para trasladar otro mensaje menos oficialista y más cercano a la realidad. Por Sara y otras tantas personas como ella que nos enseñaron a volar tenemos que seguir poniendo granos de arena que al menos moleste a los ojos de los grandes intereses.

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