Gestiones del viernes por la mañana
Entre las ventajas de la era digital, destaca la posibilidad de agilizar los asuntos propios de las relaciones con los servicios públicos. Pero el esfuerzo de los funcionarios por atender al ciudadano produce monstruos; esos monstruos cotidianos que encierran a los usuarios en el laberinto sin fin de la burocracia más absurda. Da igual la administración que aborde, todo puede
ir a peor a poco que pregunte.
En el Servicio Canario de Salud, los médicos de atención primaria han conseguido despachar las consultas a base de conversaciones telefónicas, lo que muestra el indudable valor de fijar diagnósticos sin ver al paciente, atendiendo sólo al espectro de las voces en el auricular. Pero al solicitar una prueba tan simple como la radiografía de una mano, la cosa se complica; el aviso del día y la hora en que debe comparecer para disparar el rayo X obliga a visitar el centro de referencia al menos dos veces, en días distintos. Aunque le digan que la cita es el miércoles a las 09,30 horas, usted debe pasar la víspera por la ventanilla, para que le den el papel que debe entregar a la enfermera que custodia el acceso a la sala de pruebas. Por lo visto, la afectada funcionaria no puede pasar lista a los presentes convocados, como ocurría desde los tiempos previos a todas las pandemias, no. Si usted no lleva el papelito, se queda en el pasillo, pero en el pasillo no puede estar por miedo al Covid. Así es al menos en uno de los centros más concurridos de Las Palmas de Gran Canaria.
Más difícil aún es adivinar para qué tiene una cita en la flamante aplicación web oficial que le reporta su historial clínico en el teléfono móvil. Aunque el aviso señale las 09.50 horas de un viernes en el Servicio de Enfermos Crónicos del área de Aparato Digestivo del mayor hospital de Gran Canaria, al presentarse media hora antes por las prevenciones propias del desconfiado, comprobará que nadie sabe para qué la han llamado. La enfermera que debe atenderle no aparece por el despacho de referencia hasta dos horas después, cuando usted ya se ha marchado porque no puede justificar en el trabajo la ausencia de una mañana completa sin otro justificante que un aviso en el perfil de la APP.
Si aun así le quedan ganas de pagar algún tributo en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, cuidado. La obligada cita previa por internet tiene trampas. Sólo están habilitadas dos ventanillas de las seis que dispone la Ilustrísima Corporación Municipal; la sede central y la afortunada del distrito de La Isleta. Para el resto del municipio, las oficinas de los distritos siguen desconectadas, como si aún los funcionarios estuviesen sometidos al contagio masivo del virus de la atención al público, al menos los que se encargan de la recaudación. No hay fechas disponibles en el horizonte digital de los próximos tres meses hábiles; nada, ni un solo hueco disponible antes de fin de año. Como el IBI, por ejemplo, debe pagarse antes de diciembre, pues tendrá que peregrinar hasta la única sede disponible si no sabe o no puede darle la orden al banco. Sin que nadie le avise; no espere que le llegue el recibo por Correos. El Ayuntamiento hace años que no paga el reparto a domicilio, y los carteros le han denunciado porque no han cobrado el servicio de ejercicios anteriores. Y si después de todo no paga en el plazo obligado, usted será el culpable.
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