El Sáhara, la carta a la deriva de Pedro Sánchez


El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, envió el pasado 14 de marzo una carta al rey de Marruecos, Mohamed VI. Cuatro días después, el viernes 18 de marzo, la Casa Real marroquí difundía una parte de ese documento, en el que se expresa: “España considera la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental presentada en 2007 como la base más seria, creíble y realista para la resolución de este diferendo”

 

De esta forma, con una carta personal y sin otro respaldo institucional, el presidente español y dirigente del PSOE pretende zanjar de un plumazo (en 372 palabras y con numerosas faltas de ortografía y sintaxis) el conflicto vigente desde que España abandonó el territorio y a la población del Sáhara en 1975, ocupado desde entonces por Marruecos con la Marcha Verde. La decisión de Pedro Sánchez daña los esfuerzos diplomáticos sostenidos durante casi cinco décadas para completar el proceso de descolonización impulsado por la ONU para el territorio y la población del Sáhara Occidental, pendiente desde 1991 del referéndum de autodeterminación pactado, organizado y vigilado por la Misión de Naciones Unidas. 

 

Ahora que tanto se compara la política española con Portugal, no está de más el recuerdo del proceso de descolonización culminado en 2002 en Timor Oriental, con un formato similar al previsto para el Sáhara Occidental. El simple contraste entre ambos casos desvela la sostenida voluntad de los sucesivos gobiernos españoles de convalidar la ocupación del Sáhara, más allá del sorprendente formato en el que ahora se difunde el apoyo al expansionismo marroquí. Basta con escuchar las declaraciones de los distintos ministros que desde 1982 han ocupado la cartera de Asuntos Exteriores, para comprobar la complacencia diplomática y la vehemencia con la que se defiende sin escrúpulos la prepotencia de Marruecos, dando la espalda a los numerosos pronunciamientos de las instituciones internacionales que defienden el derecho del pueblo saharaui a decidir su propio destino. 

 

¿Qué ha ocurrido ahora para que Pedro Sánchez quiera dejar constancia escrita de su preferencia por Marruecos, y renuncie a las obligaciones de España como potencia administradora del Sáhara? La debilidad interna del propio Gobierno español permite el usufructo de la diplomacia para proteger intereses ajenos a la legalidad internacional. La actuación unilateral del presidente español contrasta con el rechazo expresado por el resto de las fuerzas políticas, en las demás instituciones públicas y en el conjunto de la sociedad española, que mantiene fuertes vínculos de solidaridad con el pueblo saharaui.  

La carta de Pedro Sánchez, difundida por El País el 23 de marzo de 2022. 

 La alianza gobernante de apariencia más progresista de la democracia española ha otorgado al expansionismo del rey marroquí un apoyo institucional como nunca antes se había expresado en ningún documento oficial español. Ya la designación de José Manuel Albares como ministro de Exteriores en julio de 2021 fue toda una declaración de intenciones del Gobierno, si se tiene en cuenta la contrastada vocación pro-marroquí del interesado durante su anterior puesto como embajador de España en Francia. La invasión de Ucrania por parte de Rusia iniciada apenas 18 días antes de la carta a Rabat sólo sirve de excusa a un vuelco que ya estaba señalado en el calendario, y se produce cuando apenas faltan tres meses para la celebración de la cumbre de la OTAN prevista en Madrid a finales del próximo mes de junio. El temor a que el rey de Marruecos empañe esa reunión con maniobras similares a las realizadas en las fronteras de Ceuta, Melilla y Canarias durante los últimos años ha precipitado el pronunciamiento de Sánchez. El envío de miles de civiles en distintas oleadas, el cierre de fronteras y el fomento de las mafias dedicadas al tráfico de migrantes, o las exigencias sobre las aguas de Canarias, marcan el tamaño del naufragio del presidente español, urgido por demostrar ante sus socios europeos su capacidad de controlar el flanco sur del nuevo mapa que se vislumbra en el escenario internacional. 

Ningún observador del conflicto del Sáhara se atreve a calcular la caducidad de la carta a la deriva de Pedro Sánchez. El apoyo en precario a la voluntad del rey marroquí aleja a España de la capacidad de influencia en la toma de decisiones sobre el Sáhara, porque un conflicto de este nivel no se arregla en un folio por muy español que resulte su sello. Y no impedirá, en un futuro, cualquier demostración de poder del régimen feudal de Marruecos, acostumbrado como está a usar incluso la fuerza para obtener sus más insospechados caprichos cuando lo estime oportuno.

(Texto original publicado en el Boletín del
Voluntariado de la Fundación

 Adsis- Canarias número 6, mayo de 2022)

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