En la 'Panza de burro' de Andrea Abreu
De entrada, lo mejor que puede hacer el lector de esta saludable novela iniciática de la joven escritora tinerfeña es evitar el prólogo. Al menos antes de proceder a la lectura del texto sin más; el libro se bebe solo, no necesita hielo ni sabores añadidos que siempre camuflan el valor real de las cosas simples.
La editora se atreve a colocar por delante del original su propia valoración de la obra que trata de vender. Ese esfuerzo, esa exaltación del marketing, es todo lo que le sobra al libro, sobre todo por el intento de situar sus experiencias personales (la vida privada de la editora!) a la misma altura, no; por delante de los bueyes que acarrean un buen cargamento de experiencia literaria. Dicho esto, buen lector, léase la novela, pero evite sus circunstancias.
Lo mejor del texto de Andrea Abreu es el ejercicio de normalización de formas lingüísticas propias de Canarias. La vitalidad del texto radica en la naturalidad de las expresiones. La narración mantiene su pulsión gracias a una forma de vida que tal vez no puede expresarse de otra manera. Volcar ese mundo juvenil, ese despertar a la vida con el ritmo narrativo tiene un gran mérito en estos tiempos de lenguaje encapsulado. La editora, en uno de sus errores, apunta que estamos ante una "narrativa milenial canaria", evidenciando que esa forma de comunicarse, ese vocabulario, retrata siglos de distancia entre dos mundos que se ignoran. El de los pueblos interiores de Canarias, y ese otro que trata de normalizar como "canario" lo que no es; vivir en Canarias no es sinónimo de ser canario. La propia editora reconoce que pese a los muchos años en La Laguna (Tenerife), nunca se enteró de que a una hora de camino el mundo podía ser tan distinto como el que describe Abreu. Debe entenderse esto como un ejercicio de ignorancia.
Para la literatura en general, Panza de burro es una buena noticia. Sin dejar de ser una obra inicial, primeriza, apunta maneras de talla grande. Y con ellas, señala los riesgos de toda escritora novel; en estos tiempos es muy fácil perderse en el mar de las promociones, difuminarse entre la bruma de una fama enorme emitida por el despliegue mediático que acompaña cualquier descubrimiento. En las redes sociales pueden leerse cientos de comentarios de alabanzas, porque vivimos en tiempos de exaltación, pero aun no encontré una reflexión más serena de las cualidades y de las limitaciones de la obra, que también las tiene sin menoscabo del valor que puede añadir a la narrativa canaria del siglo XXI de mantener el rumbo la autora.
La apuesta de Andrea Abreu merece la pena. Habrá que apoyarla para que no pierda la perspectiva tan interesante con la que acaba de alumbrarnos los ojos. La planta crecerá si fortalece las raíces.
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(Texto escrito el 11 de septiembre de 2020, al leer la segunda edición de Panza de Burro (Andrea Abreu), publicada por la editorial Barret en Sevilla ese mismo año, y editado por Sabina Urraca).


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