Ideología canaria, banderas y renovaciones

 


Asamblearios. Socialistas (pero de la versión autogestionaria, no de la otra). De izquierdas. De izquierda y nacionalistas, con el pueblo unido. Porque el pueblo unido jamás será vencido, que lo cantó Quilapayún en aquel Chile anterior a Pinochet y al cantarlo parece que están pagando una deuda, por poderes. Antimilitaristas del No a la OTAN,  ya veremos. Testimoniales aportaciones irredentas. Comunistas de terciopelo, ilustrados disidentes preparados para comprender las mecánicas del poder sobre moquetas, hasta el éxtasis con José Carlos Mauricio, el momento de máximo esplendor, aquellos tiempos de máxima audiencia porque subía a las tribunas sin papeles, y defendían lo mismo Mardones y Mauricio sin que nadie se escandalizara, después de ser quienes llegaron a ser antes de ser lo que fueron después, casi hombres de Estado sin estado. Eso sí que era ideología sin trampas ni cartón, que llegaron a defender lo uno y lo contrario sin que les cayera ni uno de los palos del sombrajo. Con el PP ni de coña, daba igual que lo cantaran a dúo Carmelo Ramírez y Tony González Viéitez, entre otros, y por eso a Pedro Lezcano le prepararon la maleta y lo embarcaron sin rumbo en 1991, y por lo visto nadie desde entonces advirtió las ciertas discrepancias existentes entre esas pancartas y la práctica política cotidiana, la del día a día y la del día siguiente también, y pasaron los años y a nadie le inquietó este quebranto y por eso tampoco pasó nada después por llegar a más acuerdos con el PP y lo del pelotazo de Tindaya quedó en una majadería en la que se lavaron 2.000 millones o cero, según quién te haga el cuento en la misma familia. Todo por Canarias.


Insularistas también para encajar otro nacionalismo, con las mismas banderas pero otros poderes. Eso duró menos, porque la matriz nació, creció y mandó desde Tenerife, centro del eje transversal de Canarias, con autopistas hasta el gran puerto de Granadilla que iban a hacer de Canarias el gran nudo del Atlántico Medio y tres cuartas, un solo punto de apoyo para hacer por fin un Archipiélago tricontinental, porque se puede ser insularista tricontinental sin despeinarse.  Ecologistas también. Bueno, en según qué parte, por islas mejor porque no es lo mismo, así que cada cual defina su propia adaptación del territorio a las exigencias del mercado, de ahí que la moratoria turística siga escociendo en según qué partes íntimas del cuerpo electoral, porque los inversores no pagan traidores. Por eso se podía y se puede pactar con el PIL de aquel cuatrero de la política llamado Dimas Martín aún mientras estaba en la cárcel o tal vez por eso, porque servía de coartada. Porque cada isla es como es, y todas son como tú, y tampoco se iba a discutir en Gran Canaria lo que se pactaba en Lanzarote si total, lo que importa es reunir votos. Todo vale pal convento, decían y siguen diciendo. 


O sea, para llegar a comprender la ideología de esto que ahora quiere renovarse como Nueva Canarias, hay que hilar muy fino porque también están los cristianos de base, que como tienen sus propios rincones de meditación no necesitan que el partido los entretenga con reuniones de formación, si total luego toda la energía se va en mantener el tipo y gestionar, que la mies es mucha y los obreros pocos, y no puede ser que siendo escasa la militancia se dediquen además a discrepar, así no hay manera de trabajar y por eso no hay tiempo ni ganas ni espacio para confrontar, porque al calamar que se duerme se lo lleva la corriente. Como todo eso era poco, desde el congreso de 2022 todo lo anterior quedó anulado por la incorporación del “canarismo”, Nueva Canarias pasa a ser un bloque canarista como si fuese necesaria la reiteración de la indefinición que arrastra todo neologismo. Y las feministas, y los movimientos de liberación o expresión sexual, y los migrantes, y los que se vayan agrupando en nuevas afinidades, si quieren participar que se suban a los nuevos tiempos. Todo vale pal convento.


Por eso y mucho más, que un alcalde distraído prohibiera la bandera canaria de las siete estrellas verde, ay mamá bandera tricolor en unas fiestas como las de Agaete, no deja de parecer una anécdota, porque mira que se han pasado la banderita por el forro de todas las ideologías insertadas en las ponencias de cada congreso sin que a nadie le importe. Y en los últimos 20 años a nadie le molestó que los líderes fuesen los mismos, salvo los que quisieron bajarse por el camino (al final, Mauricio puede acabar siendo un ejemplo, hizo lo que pudo, cogió la parte que le tocaba y se ¿retiró?). Cómo iban a molestar si eran los mismos que estaban desde los otros 20 años anteriores, aguantando pulsos porque el mundo hay que cambiarlo dede dentro y desde fuera, si hasta el nombre lo cambiaron para ser nuevos, y con esa marca todo empezó otra vez de cero, y para afianzar el proyecto hace falta estabilidad interna, si la transparencia ya está recogida en los estatutos. Por eso no hay pesebre, sólo que la militancia debe ser obediente, y así deben ser los que vengan. En total, 40 años al mando de naves de todos los tamaños no hacen mejores marineros a los veteranos. Y en política pocas cosas hay peores que un dirigente incapaz de comprender que su tiempo ya pasó. Como le ocurre a muchos en Nueva Canarias. No todo vale por Canarias.


Román Rodríguez recuperó su carácter de fundador al fracturarse en 2003 la aspiración de seguir siendo presidente o vice del Gobierno, desbancado por Adán Martín y la orquesta tinerfeñista. Y mientras afianzaba esa vocación fundacional, los demás partidos en Canarias no han tenido problemas para cambiar liderazgos manteniendo el rumbo; Y así en Coalición Canaria a Paulino Rivero le dieron puerta primero los herederos de Adán Martín y después los medianeros de Ani Oramas, y tan contentos que están con Clavijo mientras Tenerife siga siendo lo primero. Y al PP tampoco le importó dejar atrás a Bravo de Laguna para exaltar a José Manuel Soria, que supo dar un paso hacia la cuneta cuando le vinieron a cantar los papeles de Panamá, y así al margen de todo sigue para que mande en el partido ese chico de Los Realejos (no sé si captan la ironía, que uno nunca sabe lo que quiere entender la gente). Mientras tanto, el PSOE tuvo tiempo de contar con Juan Carlos Alemán, y recuperar a Jerónimo Saavedra y lanzar a Juan Fernando López Aguilar y recomponerse con José Miguel Pérez y pasar por la comisión gestora que entregó a Angel Víctor Torres los galones que aún ostenta con permiso de la hermandad de Chano Franquis, sin que le falten piñas tal potaje.


Así que renovarse está muy bien y es muy sano, pero lo más importante será saber hacia dónde va ese barco ahora fondeado en las tinieblas de la Canarias del futuro.

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