Canarias, Marruecos, el Papa y el avispero


 

El primer cuarto del siglo XXI acaba de cerrarse por agotamiento. Y el segundo cuarto se abre con un golpe al orden internacional perpetrado por Estados Unidos en Venezuela, un episodio que, conectado con el genocidio de Israel en Palestina, tiene todos los ingredientes para condicionar los ejercicios del poder, cualquiera que sea su forma, en las décadas futuras. Desde la caída del Muro de Berlín en 1989, la correlación de fuerzas en el planeta ha navegado múltiples incertidumbres, sobre las aguas de la revolución tecnológica y frente al oleaje de la creciente escasez de energías fósiles. Los episodios protagonizados o dirigidos por Donald Trump no pueden considerarse como excéntricos arrebatos; son las leyes que vienen a marcar el presente y la próxima evolución de los gobiernos del mundo.


En pocas palabras, no sólo se trata de un líder perverso. Se trata de la imposición de un sistema global, que obliga al conjunto de los humanos y de los territorios a cambiar las condiciones de la convivencia, porque las heredadas en nombre de la democracia occidental se han destruido. Aquí vamos a repasar algunas de las alteraciones que tendrá que afrontar Canarias. En este agitado avispero mundial, la evolución del archipiélago parece asunto menor, por lo que sólo los interesados podrán condicionar la evolución de los acontecimientos. Por resumirlo al modo más simple, estamos solos en medio del océano.


El presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, viene avisando desde hace meses de la estrategia de Marruecos para «arrinconar» a Canarias: «están en riesgo nuestras aguas, nuestra seguridad aérea y también las tierras raras», expone. Ni el argumento ni la estrategia marroquí son nuevos: «Durante tres décadas, Canarias y Marruecos han mantenido unas relaciones muy tensas a causa del apoyo del gobierno autónomo a la posición de los separatistas de Tinduf, una situación que ha cambiado enormemente desde hace algunos meses». Entre Marruecos y Las Palmas «se ha abierto por primera vez una nueva etapa, basada en la cooperación económica y la concertación política». La cita recoge la referencia de la prensa oficial marroquí publicada a finales de octubre de 2004, hace más de veinte años, para desgranar lo que en Rabat se conocía ya entonces como la Operación Canarias, un plan que  tenía como objetivo alterar el orden de la región del modo en que ahora empiezan a generar una cierta alarma entre algunos líderes isleños. No todos, porque entre los cambios asentados en estas dos décadas, es creciente el entusiasmo empresarial y político por despreciar el derecho internacional en todo lo que implica de orden pacífico; también en la solución al conflicto del Sáhara, pero no sólo. El expansionismo  del que alerta Morales, con  inversiones descomunales en sectores que vienen a competir con la economía canaria, desde los puertos hasta el turismo, pasando por las comunicaciones (por tierra, mar y aire), son el eje de esa operación largamente acariciada en Rabat. El entreguismo del Gobierno español agudizado por cada iniciativa del PSOE, y el alineamiento de las posiciones de Marruecos, Israel y Estados Unidos, han configurado un mapa de la región que sitúa a las islas al borde de un precipicio enorme, de dimensiones desconocidas. 


Para entendernos, alguien se ha empeñado en agitar el avispero del mundo y Canarias está en la primera fila, expuesta a las convulsiones venideras. No las que ya estamos viendo, sino esas otras que llevan varias décadas tramitándose a fuego lento, que han impulsado el crecimiento del fenómeno migratorio de las pateras como principal condicionante para debilitar la conciencia solidaria de los canarios. Es en este contexto donde debe entenderse la importancia de la próxima visita a Canarias del jefe de Estado del Vaticano; el Papa resulta que es por ahora el único líder mundial que ha mostrado interés por comprender lo que está ocurriendo en este lado de la frontera entre el mundo rico y el mundo pobre, y el que ejerce una autoridad moral capaz de plantar cara a los desatinos que se avecinan. Más allá del hecho religioso, el Gobierno de Canarias de pretendida vocación nacionalista tiene poco margen para elegir entre convertirnos en esclavo del derrumbe propiciado por los fascismos imperantes, o alinearse con las fuerzas que siguen aspirando a un mundo más humano. Lo mismo deben preguntarse esos promotores de la división, que prometen reducir la política isleña a un modelo pueblerino. A tiempo están de confesarse antes de que llegue el Papa. 

Comentarios

  1. Para reflexionar seriamente y más

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  2. Excelente relato. Refleja el beneplácito que se le otorga a Marruecos en el nuevo orden mundial, en sus aspiraciones en nuestro territorio. Mientras, los gobiernos de España y Canarias, a la gresca, no se enteran que viene el lobo.

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  3. Separatistas de Tinduf? Parece que usted no ha entendido que el Sáhara no forma parte de Marruecos. Utiliza el mismo término que el gobierno marroquí.

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    1. Confío en que su comentario sea bienintencionado, aunque no se corresponda con la realidad. Bastará con entender que esa referencia está entrecomillada, y alude a una expresión recogida en la prensa marroquí citada en el articulo de 2004 que se relaciona en el enlace de la llamada "Operación Canarias", que sin embargo a usted no le parece interesante comentar. En todo caso, gracias por su curiosidad.

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