Mapa de las emociones canarias
El año que falta para llegar a mayo de 2027 viene cargadito. Se aproxima un ciclo de extrañas alineaciones planetarias en Canarias, donde las rutinas universales confluyen con las piruetas de los patronos locales. El pórtico lo abre el Papa León XIV, que visitará las islas en un par de semanas -junio de 2026-, un viaje insólito en plena resaca de la celebración del Día de Canarias, coincidiendo con la entrada en vigor de la nueva legislación europea que refuerza el muro de los flujos migratorios. La aceleración del ciclo electoral que prevé el paso de las urnas autonómicas y locales en apenas doce meses, y la incierta evolución de los acontecimientos políticos en España, conforman un escenario de alta intensidad con maniobras que deben ser observadas más allá del creciente ruido ambiental propio de estas convulsiones. Y es por eso que conviene actualizar el mapa de las emociones que conforman la canariedad, para no dejarse embaucar por los cánticos y euforias artificiales que asoman por los escaparates.
Un negocio rentable
La canariedad es hoy un negocio rentable. Genera flujos de capital exportable en todos los sectores de la economía, desde el turismo, la cultura, el deporte, comercio, la política y hasta en la religión. Todos los espacios públicos se tiñen en este mes florido de apelaciones a la identidad local, como reclamo para defender “lo nuestro”. Fue ese un vocablo que se puso de moda en los años 80, cuando la población grancanaria forzó la creación de la Universidad de Las Palmas, y desde entonces no ha parado de crecer como sinónimo aglutinador de emociones indefinidas, que se resuelven por proximidad. Una expresión, “lo nuestro”, que sustancia una enorme confusión semántica, en tanto que no permite concretar si apela a “lo de todos”, evocando la conciencia colectiva, o más bien se refiere al interés particular de esos grupos a los que les basta con ponerse un cachorro o una falda coloreada, con tal de aumentar las ventas de su mercancía. Lo mismo abriga un disco del cantante de moda, que la cerveza de un equipo de futbol (sic) o la declaración ideológica confluyente de partidos políticos que desprecian los fundamentos democráticos. ¿De quién es “lo nuestro”?
Los cambios profundos que marcan el siglo XXI están alterando el rol del canario en el mundo, y en su propia configuración como pueblo. El cabildo de Gran Canaria difunde estos días un video publicitario (ver aquí) donde se exalta como un distintivo de canariedad el uso del vocablo “ustedes”, pero la buena intención de esta defensa choca con poderosos elementos, mucho más agresivos para el desplazamiento del habla canaria, como son la incorporación a los distintos niveles de la enseñanza pública de miles de maestros y profesores que ignoran la ssingularidades del habla isleña. Este nuevo proceso de colonización -la llegada masiva de educadores foráneos sólo puede ser considerada como un hecho colonizador, aunque sólo sea por su impacto lingüístico- contribuye con especial eficacia a reforzar ese complejo de inferioridad descrito con tanta precisión desde hace casi medio siglo por autores como Manuel Alemán, en su cada vez más manoseado ensayo sobre la Psicología del hombre canario. Porque al incorporar desde las instituciones públicas canariófilas ese mecanismo de dominación social, se erosiona el núcleo mismo del hecho educativo, que es la base donde se asienta el futuro de esta (y de cualquier) sociedad. Un espacio, el educativo, que sufre además los contaminantes universales de las redes sociales y del complejo entorno digital, requiere de algo más que de coloridos anuncios publicitarios para fortalecer la identidad. Así que la emoción de “lo nuestro” y del “ustedes” ofrece confusas conjugaciones para un tiempo de incertidumbres crecientes. Una cosa es la identidad, y otra la propaganda.
Una visita inédita
Entre otras de esas incertidumbres, el Archipiélago se prepara (es un decir) para asumir su condición de campo de confinamiento de esos migrantes que empujan las puertas de Europa. A eso viene el Papa el próximo mes de junio, un acontecimiento histórico -nunca antes pasó tan alto representante divino por estas islas- que ofrece una oportunidad de mostrar al mundo quiénes somos. Vista desde fuera, Canarias también es hoy África que huye. O sea, un refugio cercano. Los homenajes a esos viajeros sin papeles contrastan con el trato indigno a los supervivientes de las pateras, y soslaya en este momento la crueldad añadida por los restrictivos reglamentos que entrarán en vigor el mismo día que aterriza León XIV en la mortífera ruta atlántica. A ver qué emoción estimula el uso del vocablo “triaje”, sustraído de la pandemia del Covid para describir ahora el proceso de confinamiento legal al que serán sometidas todas esas personas abandonadas a su suerte en barquillas sin destino. Así es como el vocabulario sirve de sedante.
El Papa tiene además el urgente desafío de orientar a los católicos isleños en la vigencia de la solidaridad, vista la regresión de amplios sectores eclesiales hacia modelos caducos de beneficencia y asistencialismo, tan fáciles de reproducir en las urgencias de este fenómeno gigante. No parece fácil la tarea, a la vista de la complacencia que se maneja en las sacristías, donde -dicho sea sólo a modo de ejemplo que perdura- aun se promueve el vínculo franquista con el Ejército hasta en las procesiones. A ver cómo es esa paz que se acompaña de armamento uniformado. Tiene trabajo León XIV, y cabe esperar que su presencia no deje satisfechos a los poderes públicos, deseosos de aparecer bendecidos sin cumplir la menor de las penitencias, como esas políticas que desprecian a los migrantes pero quieren estar en todas las fotos. Quieren emular a Trump y que el Papa los bendiga, esa es la paradoja.
La política como simulacro
En cuanto el señor pontífice coja camino, aquí empezarán a zurrarse sin piedad católicos, ateos y agnósticos para dibujar las campañas electorales venideras, porque el patio va a calentarse salga el sol por donde salga. Es decir; lo visto hasta ahora son sólo livianos simulacros frente a las turbulencias que se esperan en la insular atmósfera. Va por delante la fractura nacionalista, con el bizcocho recién salido del horno del conglomerado autodenominado Primero Canarias, que copia sin remilgos el mismo lema que propone Vox en defensa de “primero lo nuestro”. No parece casual que ni se hayan molestado en ninguna de las dos formaciones por explicar las diferencias de sus respectivas propuestas. Curiosa coincidencia esa que paga ambas campañas, deportiva y generosamente, con el mismo dinero que desprecia los avances democráticos, y no se sonroja al importar de Estados Unidos lo peor del deprecio por lo público.
Esa pinza con barniz municipalista es uno de los nuevos condicionantes de las emociones políticas que se avecinan en el Archipiélago, a falta de conocer el orden de las candidaturas y quién pagará sus fiestas. En esa cabriola que mezcla, sin mayores exigencias, tránsfugas con ambiciones personales queda malparada la gestión del Cabildo grancanario, marcada por la anomalía histórica de contar con un presidente sin partido. Hay que tener en cuenta que Antonio Morales concurrió como candidato de la alianza NC- Roque Aguayro y a día de hoy no se sabe en cual de las dos formaciones, ya enfrentadas, se encuadra el futuro del veterano político de Agüimes, ni a cual de ellas rinde cuentas de su gestión. Ni la oposición, ni los socios de gobierno, parecen interesados en explorar esta debilidad democrática, porque el silencio beneficia a todos un poco, cuando llegue el carrito de las urnas. Aunque parece un dilema sin resolver, el vínculo fundacional de Morales con la agrupación de su pueblo no está en duda, porque no lo ha estado nunca. Roque Aguayro, mientras tanto, asume con entusiasmo la sucursal para Gran Canaria del próximo proyecto de CC, ese conglomerado que luce galones españolistas hasta en las fiestas patronales para demostrar su canariedad. Cosas veredes. Ya habrá tiempo de analizar las repercusiones para las isla de este enredo en las prioridades de la corporación para este último año.
Los escenarios de la política estatal, donde confluyen intereses similares y tendencias convulsas, sugieren por otra parte el advenimiento de un ciclo inclinado a la derecha, empujado por los ardores de un sistema judicial tuerto, a falta de saber qué margen queda para defender en las próximas convocatorias electorales los derechos democráticos. Los mismos que los medios de comunicación, también los sucursalistas canarios tan bien financiados, se empeñan en presentar como agotados, a mayor beneficio de su particular inventario. A pesar de la contaminación reinante y de las presiones que sin disimulo ejercen los excedentes de capital circulante, tiene la izquierda la obligación histórica de dibujar un mapa de inéditas confluencias, y una propuesta en Canarias que garantice de pan, vivienda, trabajo y refuerce los márgenes de la soberanía como pueblo. Un plan que dibuje la identidad canaria en el segundo tercio del siglo XXI, porque el primero ya se habrá gastado. Se lo llevó el ruido que perpetúa la dependencia.
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